Agonizando desde la locura


De repente apareció, sin buscar, sin llamar, sin pedirlo; llegó ese momento temido del cual me ocultaba pero que su sombra me acosaba. Delirantemente comenzó a entrañarse en mis pensamientos ese efecto invernadero plasmado por tu semilla abundante en el órgano que hace latir mi sangre y mientras oscurecía, aclaraban las corrientes filosóficas de mi mente jugando con el vaivén de tu silueta revolcada en mis sábanas clamantes de eternizar tu aroma en ellas.

No es el imaginario cotidiano el que acopla tu descripción, no es lo elemental de los seres comunes los que te definirían, no son los cientos de miles de ajustes impuestos por sociedades conservadoras y liberales las que te ilustrarían, es mi locura intrínseca compuesta por tus pasiones las que te forman y desnudan apasionadamente, convirtiéndome así en un desequilibrado excéntrico de tu silueta, en un adorador inefable de tu libídine y en un lunático tributador de las expresiones de tu alma.

Entonces, revela a este maniaco las claves para arrinconar las pasiones emitidas a diario por el núcleo de las emociones recordadas con locura y causadas por tu indiferencia y ausencia continua, cuando ansia de por si el bailar de tu cintura.  

Si a esto lo llaman locura, entonces escribo desde la más profunda demencia implantada por la agonía.

Eduardo Febres Cordero
26 de enero de 2012

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