miércoles, 7 de marzo de 2012

Hasta dónde puede llegar la miseria de un ser humano


Muchas cosas racionales e irracionales suceden a diario en el seno familiar,  laboral, amistoso y sentimental de un ser humano y diversas son las circunstancias que envuelven a estos hechos que de una forma u otra envuelven a cada persona, pero es la actitud de cada ser lo que lleva a tomar decisiones buenas o malas que hacen caer en la mediocridad, la miseria y la mendicidad humana.

Pero el punto de este artículo es conocer hasta dónde puede llegar una de estas condiciones y es precisamente la miseria humana, aclarando de antemano que me refiero a la miseria emocional, actitudinal, espiritual y hasta energética de cada ser humano y no a aquella que se refiere a la material y/o económica no dejando  estas dos últimas de influir en la antes mencionada.

Muchas personas en este planeta interponen antes que su familia, las condiciones materiales propias e individuales, lo que hace inmediatamente desvirtuar hasta el sentimiento materno, llegando a caer en la vejación, humillación, maltrato, insultos, menosprecio y desconsideraciones de sus propios hijos, incluso sin importar que siendo una de estas mujer esté embarazada.

Y esto se debe nada más y nada menos que a una condición de represión y frustración emocional y económica autoimpuesta que sobrepasa cualquier límite, pues esta circunstancia es creada y no heredada y va mas allá de los sentimientos intrínsecos, intuitivos e instintivos que como parte del reino animal tenemos cada uno de nosotros. Razón por la cual los actos cometidos parecieran dementes y llegan a ser tan crueles que el alejamiento de las personas que forman parte de su entorno es inminente.

Pero a todo esto hay que añadirle algo muy importante y que aunque parezca mentira forma parte del gran índice de sujetos con esta  conducta, pues muchos de ellos pertenecen a religiones, legiones, sectas o grupos que ofrecen a estos  redimir, enseñar, perdonar, redireccionar, cambiar, modificar errores y pecados si avanzan en el estudio o siguen sus planes de enseñanzas, logrando así, tener una gran cantidad de seguidores y veneradores que al fin y al cabo hacen y se comportan según el dogma dicta. Y si bien no está tan distante de la realidad todo lo que escribo, háganse un análisis rápido del entorno que los rodea y vean cuantas personas que se hacen llamar o pasar por caritativas, bondadosas, buenas y angelicales palomitas del señor, al cesar o terminar su sesión religiosa en casa o templo indistintamente del día de la semana que corresponda, se quitan la manta y son peores que el diablo, pero creen ciegamente que orando los domingos y haciendo caridad cristiana miserable compraran el cielo y redimiran sus pecados.

Entonces, la miseria humana de la cual hablamos, no solo se origina en la conducta propia del individuo y en la deformación de los diversos patrones impuestos por la sociedad, sino que también esta es alimentada e inducida muchas veces por dogmas que manipulan el pensamiento del practicante ya que generan sensaciones de supuesta paz espiritual sin importar el verdadero alrededor que te envuelva.

Así que como conclusión puedo definir o decir que la miseria humana puede llegar más allá de los sentimientos hasta instintivos que podemos tener y no para en artículo incluso si se trata de familiares directos, pues la mediocridad que se presenta y se apodera de nosotros termina siendo fatal.

Eduardo Febres Cordero
Quito, 07 de marzo de 2012.